miércoles, 29 de julio de 2015

Nuestros queridos turistas

El turista, como principal recurso de muchos países, llega cada año a sus correspondientes lugares de veraneo, o simplemente de vacaciones, da igual la estación. Tenemos que ser muy inteligentes y darles un servicio de primera, por muchísimas razones que no vamos a enumerar. Hablaremos del turismo. Tenemos que saber, y más hoy en día, que el turista llega muy informado en todos los aspectos, ya sea en precios, gastronomía y precios de hoteles, y alquiler de vehículo. Lo que podemos hacer para sorprender al turista, es molestarnos un poco, charlar con el, de donde eres, que tipo de vinos te gustan, etc. Esas cosa son las que marcan la diferencia con el trato y hacen que se den cuenta que son tratados con respeto hacia su cultura. El porqué, ya lo diré en el apartado de restaurante, aquí solo hago un pequeño inciso.
Hoy en día, y aprovechando la tecnología, cuando decidimos viajar, podemos hasta ver el entorno del hotel o camping, restaurante favorito por las web, etc. Se suelen utilizar las herramientas de navegadores tipo gooogle, para ver mapas en tres dimensiones, para ver realmente si las fotos del lugar escogido, corresponden con la realidad. Menos mal, por que yo recuerdo cuando mirabas una de esas revistas de las agencias de viaje, te enseñaban las fotos y eran casi parecidas a la realidad. Ahora hasta podemos hacer un tour virtual por el hotel y dejar organizado todo antes de llegar. Por lo tanto, tengamos en cuenta a la hora de hablar con el turista que posiblemente estén más que informados de las tendencias de la zona, no solo gastronómica, en todos los sentidos.
Ahora tenemos la suerte de poder mostrar lo que queremos ofrecer y debemos mirar por el bolsillo nuestro y el del cliente, pues el, nos recomendará no solo por lo exquisito de nuestros platos, o habitaciones, lo ara por el trato familiar y profesional que empleemos el tiempo que permanezca en nuestro negocio, o lugar de trabajo.
Yo recuerdo aquellos años, más o menos mediados de los ochenta, cuando cada quince días llegaba un autocar, cargado de turistas de Alemania, Francia, Suiza, Holanda, Bélgica, Italia, más o menos recuerdo estos países con cariño por ser mis primeros años. Ellos llegaban año tras año, mismo hotel, mismo restaurante y además les encantaba, nos traían regalos, las fotos que se hicieron con nosotros años anteriores, de los nietos nuevo había una relación muy humana, muy familiar me atrevería a decir. Recuerdo los preparativos, yo estaba en un restaurante de la costa Catalana y era a pie de playa, la terraza estaba en la misma arena de la playa y recuerdo esos escenarios pesados que movíamos para preparar las actuaciones y que cuando terminaba la función, había que volver a recoger y así todas las noches. Recuerdo como les gustaban esas noches de flamenco, estaban en Cataluña, pero ellos querían flamenco y toros. Recuerdo con cariño a varios de los clientes que temporada tras temporada venían y contaban su frío invierno, sus grandes nevadas y como se acordaban de las sangrías de vino o cava, de esas paellas. Me entristeció tanto que poco a poco y año tras año se fuesen cargando el turismo, en esa zona. Yo me sentía parte de ese mundo, odiaba cuando se cambiaban las cartas, para encarecer los productos, simplemente por el echo de que como son turistas, que triste fue.
Conclusión, tenemos que volver a esa época y ajustar precios, coordinar espectáculos de demanda, no de moda y volver a recibir esa lluvia incesante en los meses de agosto y septiembre, de esas familias encantadas de volver a vernos.
Perdón, me puse sentimental.

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